viernes, 22 de mayo de 2015

Día 521 Lo importante si es lo que nos sucede


Hace unos días tuve que pasar por boxes, dicho en términos de Formula 1, para hacer una serie de ajustes en mi cuerpo. De hecho acudí al Centro de Urgencias de Atención Primaria (CUAP) el día 03/5/15, avisé en una ocasión a los Servicios de Emergencias Médicas (SEM) y en dos ocasiones me trasladaron a los servicios de urgencias Hospitalarias para solucionar los síntomas que aparecían, hasta que finalmente se encontró la causa. Era una insuficiencia cardíaca grave que me estaba causando un excesivo cansancio ante una actividad física leve, entre otros síntomas. Aunque personalmente desde un principio sabía que el origen estaba en el corazón por mis antecedentes, hace casi 20 años me diagnosticaron una miocardiopatía dilatada,  descartaron cualquier cardiopatía isquémica o coronaria, ya que aparecieron síntomas que lo podía parecer: dolor en cuello y mandíbula, mareos, sudoración y dolor en boca de estómago, además de la astenia. Pero ante las pruebas diagnósticas, radiografía de tórax, analíticas, control de los signos vitales y ECG, se descartó que el problema viniera por esa dirección. 

Al ver que no había datos de alarma por las pruebas me derivaban a mi domicilio, pero yo solicitaba al personal médico un Ecocardiograma pues era la prueba que determina, el estado de la forma, tamaño, función y fuerza del corazón, así como el estado de sus paredes y válvulas, y ver si se había producido una alteración significativa. Sin embargo me indicaban que como tenía prevista realizar esa misma prueba en 20 días no veían señales de alarma para adelantarla. Hasta que en la segunda ocasión que tuve que visitarme en el servicio de Urgencias del Hospital un cardiólogo decidió realizarme esa prueba con un Ecocardiograma portátil. Cabe decir que antes de esa nueva visita a Urgencias había contactado con un Centro de Diagnóstico privado para que me realizaran la prueba esa misma tarde, pero no llegue a tiempo al tener que avisar al servicio de Emergencias por los síntomas que aparecieron de nuevo. En realidad fue verme en y como mi cuerpo colapsado sin saber en qué situación se encontraría en el siguiente momento, y antes de que el servicio médico se encontrara con un cadáver decidí avisarlos, así lo viví.

La cuestión es que ese mismo día, 5 de mayo, el cardiólogo de urgencias ante los datos del Ecocardiograma dudó entre dejarme ingresado o derivarme al día siguiente a una cita urgente al servicio de Insuficiencia Cardiaca del Hospital para valorar situación y tratamiento. Finalmente optó por la cita al día siguiente. La cardióloga me ajustó la medicación y me indicó que habría que esperar como respondía y después valorar otras opciones. En caso de que no respondiera adecuadamente se valoraría otras opciones como por ejemplo implantarme un resintonizador cardiaco para ayudar al musculo a hacer su función.

En todo este proceso mi fuerza vital disminuyó considerablemente y adelgace 2 Kg, hasta el punto de no mantenerme por más de 20 minutos frente al ordenador, al aparecer grandes tensiones musculares, especialmente en cuello, falta de concentración y un ligero mareo. Además durante la primera semana vi restringidas mis salidas a la calle y evitar esfuerzos. Después, en la segunda semana fui recuperando la actividad física realizando pequeños paseos pero con la misma sensación de encontrarme levemente mareado, en parte normal por la medicación que estaba tomando que provocaba una tensión arterial baja. Ahora la sensación de cansancio continúa pero después del tratamiento médico, alguna ayuda con vitaminas como la C, E, CoQ10, acupuntura y masajes voy recuperando poco a poco la actividad.

Estos son los acontecimientos por lo que he pasado, de mucha incertidumbre al principio y algo de tensión hasta no encontrar la causa. Y ahora quiero caminar/escribir/compartir lo que ha ocupado mi mente durante este tiempo, qué pensamientos acudían, qué emociones y sentimientos surgían, sin otro afán de seguir mi “Camino hacia la vida”, donde voy desprogramándome de aquellas condiciones mentales que hicieron de mi un personaje para mí mismo, y no quien en realidad soy como uno mismo.  

Entiendo que lo que le sucede a cada uno, no es una cosa única por la que uno tenga que hacer un drama, en el sentido que no le haya sucedido a otro individuo, sino que se trata de entender como uno construye en base a los acontecimientos una realidad en su mente que busca proteger el ego de la mente y reforzar su interés personal, aun en las situaciones más adversas. De manera que uno construye su propio guion representando en el escenario de este mundo un papel/personaje, o bien como víctima o bien como vencedor. Y eso es responsabilidad de cada uno por lo que acepta y permite generar en su propia mente.

Por otra parte entiendo que lo relevante SÍ son los acontecimientos y en cambio los pensamientos, emociones y sentimientos son solo respuestas a los condicionamientos culturales, educación y experiencias previas que uno haya vivido que generan una realidad separada de uno mismo. Quiero decir, a diferencia del eslogan que dice “lo  importante no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede”. Mi posición es que “lo relevante SI es lo que nos sucede, pues indica las condiciones de vida que nos hemos creado individualmente y colectivamente”, y por tanto para cambiarlo primero uno tiene que tomar responsabilidad, y todos colectivamente en lo que corresponda. No se trata de justificar, culpar a alguien, o sublimar los hechos, sino de afrontar con sentido común aquello por lo que uno está pasando, y no añadir a los hechos ni más ni menos de lo que hay.  Si alguien no lo ve así que pregunte a las millones de personas que pasan hambre o individuos que sufren todo tipo de abusos, y que le digan que eso no es lo importante, que no es importante lo que les sucede, sino cómo lo experimentan en su mente. Me parece de una gran hipocresía o de una gran miopía. Esos pensamientos solo pueden aparecer en las mentes programadas por las modas del autocrecimiento, la cultura, o la educación, si así lo quieres ver. Por eso quiero ver a través de la escritura, verme a mí mismo en mis palabras, descubrir que es lo que he añadido a esta situación que no corresponde a la realidad sino a los patrones mentales y constructos que hacen de mí una caricatura.

En primer lugar los pensamientos que aparecieron ante los primeros síntomas tenían que ver con la sensación de inseguridad, “¿qué es lo que me está sucediendo que no tengo control de mi cuerpo?”. Me pregunto ¿acaso hay algo que controlar?, la vida no se controla se vive hasta donde llega, sentido común. Y ante esa sensación seguir en mi chat mental “¿estará ocurriendo algo grave en mi corazón?”, “¿habrá empeorado?”, “¿tendrán que realizarme un trasplante?”. Gravedad, empeoramiento, trasplante, es evidente que esas palabras ponían una carga energética en mi que en ese momento construían una imagen de peligro ante mi integridad física, pero que en lugar de vivirlo como un acontecimiento físico, lo situé en una experiencia emocional donde me colocaba en una posición de debilidad y de  sentirme vulnerable, en lugar de asumir la situación física como un proceso vital de degeneración, como parte de la propia naturaleza humana que puedo dirigir como uno mismo. 

Y aunque no apareció en ese primer momento el miedo a la muerte, si apareció el “miedo a tener una vida más limitada” a no hacer una vida “normal”, como antes. Otra vez la expresión energética de debilidad, "pobre de mí", etc. En lugar de entender que si hay una limitación física uno puede encontrar recursos humanos y técnicos para solventar la situación, sencillo.  Así, la incertidumbre aumentaba ante la falta de definición de los médicos por no saber la causa de los síntomas, mientras, me quejaba del servicio sanitario por no poner los medios al alcance de los ciudadanos para realizar pruebas diagnósticas adecuadas. Es como decir "merezco ser tratado de la mejor manera por los impuestos que pago", en lugar de ver que el sistema sanitario es imagen y semejanza del sistema de la mente, que está basado en el beneficio de unos cuantos y en el deterioro de muchos, o lo que es lo mismo en el interés personal por encima del sentido común, lo que es mejor para uno y para todos en igualdad.  

A partir de ese momento la inseguridad se transformó en impotencia al ver que los médicos no se decidían a practicar el Ecocardiograma. Aquí es curioso observar como las personas nos movemos por etiquetas, es decir cuando alguien nos dice que tenemos un diagnóstico es cuando respiramos, ¡al final tengo algo!, lol. Y así me sucedió cuando me realizaron la prueba y confirmaron que había una insuficiencia cardíaca, no me dijeron los valores aunque hoy mismo me hicieron otro Ecocardiograma para determinar finalmente la situación, entonces respire. Ahora se trataba de ver los tratamientos y el grado de recuperación.

No obstante me vi haciendo algún ajuste bancario por si las cosas no iban bien y avise a mi esposa de algunos detalles. Era evidente que había un riesgo en mi salud y por lo tanto apareció la posibilidad de la muerte. No tanto como un miedo sino como una posibilidad que se podía producir y que tenía que afrontar. Así el proceso fue de inseguridad ante los síntomas ¿por qué me ocurre esto?, impotencia ante la falta de diagnóstico “¿cuál es el alcance de la lesión?, y por ultimo pensamientos sobre la muerte. Aunque aquí lo pongo de manera consecutiva lo cierto es que todo apareció en el mismo momento, todas las sensaciones se retroalimentaban. No obstante pude ver que me podía hacer cargo de la situación, que podía asumir las consecuencias de mi estado físico y acompañarme a mí mismo en el proceso, de manera que podía mantenerme sereno y no ir más allá del momento que estaba viviendo parando mi mente y respirando. Y así es como fui entrando en ese acompañamiento que ahora estoy llevando a cabo, paso a paso, momento a momento, aquí. 

Continuaré









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