miércoles, 28 de enero de 2015

Día 513 Entre la voluntad y la acción


Llevo unos días reflexionado sobre la palabra “voluntad” y sobre lo que he relacionado en mi sistema de conciencia, y como reflejo, lo que veo en su aplicación en nuestro mundo. Y encontraba que experimentamos la voluntad como como un “impulso” que nos lleva a tomar una decisión entre varias opciones, y una vez escogida la llevamos a término, o no. Pues, no siempre decidimos actuar, ni cumplir nuestros compromisos; en ocasiones nos encontramos sin la “motivación” para movernos físicamente a realizar lo que nos hemos propuesto. Dejando la decisión a nuestros estados de animo, apetencia, o interés personal, y por lo tanto a nuestra mente, cuando en realidad solo se trata de una acción física.

Todo esto surgía al observarme en mi vida cotidiana y en la aplicación de las herramientas de Desteni, y descubría donde he puesto la palabra “voluntad” en mi sistema de conciencia. Y al mismo tiempo observaba que obstáculos encontraba dentro de mí mismo para realizar un cambio real en mi vida, pensando que la voluntad jugaba un papel importante. Me daba cuenta del apoyo de la escritura para ver como fui construyendo los diferentes patrones y condicionamientos mentales, y como fui creando mis propios programas/guiones, para representar después mis diferentes personalidades/personajes. Y sigo en ello.

Encontraba genial darme cuenta que podía recuperar el control y dirección de mi existencia al descubrir que en realidad todo me lo hice yo mismo, como mi responsabilidad, por lo tanto podía cambiar mi manera de estar y moverme en mi vida. Y para cambiarme pensaba que quizá me faltaba  más “voluntad”. Pero yendo un poco más a fondo veía que de la voluntad a la que me estaba refiriendo se limitaba a una decisión, en el sentido de tener “ganas”, “impulso”, “motivación”, “decisión”, todo ello refiriendo a un estado mental, y no como un simple movimiento de uno mismo para la realización de un acto. Me explicaré.

Es interesante observar que en el fondo, el fin último de la voluntad,  trata de realizar una acción física para alcanzar una meta. Por ejemplo, ahora estoy escribiendo, y solo para hacerlo necesito pulsar el teclado, y delante de la pantalla ver cómo voy articulando mi pensamiento, sin juzgarme si lo hago bien o mal, pues eso es un condicionamiento estético o moral de cada uno, sino que lo hago como expresión de mí mismo aquí, y es lo que quiero compartir.

Desde esta perspectiva la voluntad la podemos ver no como el impulso o motivación para tomar una decisión para después hacerlo, o no, sino como un acto físico donde uno simplemente decide expresarse de determinada manera, hablando, escribiendo, bailando, trabajando, etc. Por lo tanto excluimos que sea una decisión de la mente, y le quitamos la dirección, el control y la decisión a la conciencia. Sencillo, pero difícil si no detenemos nuestras ideas y creencias sobre la voluntad.  Pues dentro de la voluntad nos movemos dentro de la polaridad de lo bueno o lo malo, me gusta no me gusta, me interesa o no me interesa, pérdida o ganancia, o cualquier otro calculo interesado.

Se trata de llevar la voluntad al movimiento corporal, con lo que permitimos que sea lo físico quien conduzca nuestra acción, dirigiéndonos a lo concreto, para ponernos en movimiento y ejecutarlo, así directo.

Entiendo que hemos sido educados desde nuestra infancia a base de compensaciones, “si haces esto, te daré aquello”, otorgando un valor positivo o negativo a la acción. Sin darnos cuenta que estábamos asociando la acción a un tipo de recompensa, formando una programación en nuestra mente: acción= recompensa. Pavlov lo denominó condicionamiento clásico, estimulo-respuesta.  Recuerdo de pequeño cuando mi madre le daba de comer a uno de mis hermanos pequeños, les decía que si se acababan todo el plato de comida recibirían un regalo, o le permitiría jugar con sus juguetes preferidos. En seguida terminaban de comer para recibir su premio.

La voluntad la hemos asociado también a un estado emocional  asignando a nuestros actos un tipo de regalos o afectos.  Esto significa que nos veremos carentes de voluntad o de cariño cuando no nos vemos haciendo cosas, ya que no obtenemos ningún estimulo ni recompensa. En cambio no hemos sido educados en el desarrollo de la confianza en uno mismo cuando actuamos, sin descubrir que esa acción es la expresión de uno mismo, de la cual obtenemos nuestra satisfacción personal en un apoyo incondicional en uno mismo, y así no depender de lo que los demás opinen o crean, sino en lo que uno hace por sí mismo y como lo que es mejor para uno y para todos en igualdad.

La cuestión es descubrir que es uno mismo en y como lo físico, y no como la mente, que la voluntad/acción puede funcionar, libre de condicionamientos según su interés particular. Y esta es la manera que encuentro para desarrollar mi máximo potencial según la expresión de uno mismo. Por lo tanto en esta perspectiva encontramos que con la mente solo nos movemos a la acción cuando encontramos un interés. En el sentido de encontrar una compensación afectiva, monetaria o de reconocimiento. De aquí que a través de mi experiencia personal  definiría la voluntad como “la decisión que tomaba para actuar motivada por el nivel de recompensa que pudiera recibir”.

También observo, dentro del sistema de conciencia, que la voluntad va asociada a la energía, un motor dentro. Un motor que se carga con emociones y sentimientos. Acude a mi mente el alto grado de emociones y sentimientos que percibí cuando se realizó hace unos meses en Barcelona una manifestación de más de un millón y medio de ciudadanos “motivados” por la defensa de una bandera y un país. Desde esa perspectiva energética, la voluntad puede ser definida como “el acto que uno realiza motivado por la adquisición de una recompensa, donde el impulso viene dado por el nivel emocional que hemos añadido a nuestra decisión”. El ejemplo lo hemos visto también arriba cuando describía como un niño decide comer todo el alimento cuando se le ofrece su juguete más preciado.

En cuanto a la voluntad de la mente, vemos también cuando aparece la resistencia a actuar y permanecer en la inercia de lo que resulte más cómodo  para uno.  En numerosas ocasiones, después de decidir “qué hacer”,  postergamos o nos olvidamos de ello.  Y lo que también he encontrado, es que hemos asociado la palabra voluntad a una experiencia personal, donde ante una situación nos vemos con “mucha o poca voluntad”, condicionando nuestras acciones. Sin darnos cuenta que no solo nos perdemos la propia expresión sino que perdemos la confianza en nuestro propio potencial.

Por último, cuando me puse a investigar sobre la palabra voluntad, busqué lo que dijeron diferentes autores como, Kant, Ouspenski,  Krishnamurti, y especialmente a Roberto Assagioli en su libro “Acto de Voluntad”, como también en algunos compañeros de Desteni, y pensé en poner algunas citas sobre su punto de vista, pero he decido seguir escribiendo por mí mismo y compartir sobre lo que veo dentro de mí como “voluntad” y  verme en la escritura lo que a esta palabra le he añadido como condicionamiento en mi sistema de conciencia.

Continuaré en el siguiente post caminando el constructo voluntad dentro de mi mente.

Gracias



Algunas referencias sobre la voluntad:











domingo, 11 de enero de 2015

Día 512 Interrogantes y soluciones sobre el caso Charlie Hebdo


De la misma manera que afrontamos con honestidad como uno mismo la complejidad de lo que ocurre en nuestra mente para entender que está ocurriendo, así quiero afrontar los últimos acontecimientos ocurridos en París que han causado un total de 20 muertos tras la “masacre” perpetrada por “terroristas” en el semanario satírico Charlie Hebdo para entender las causas y sus consecuencias.

Evidentemente es un acercamiento personal no especializado en terrorismo, ni en islamismo, ni en derechos humanos básicos como la libertad de expresión, pero como ciudadano comprometido quiero compartir mi perspectiva. Para ello utilizaré la misma metodología que uso cuando exploro mi mente: hacerme preguntas, investigar en sus posibles causas y buscar soluciones para no repetir el mismo patrón. Estos son algunos de los interrogantes que se me plantean ante la noticia y que no pretendo aquí responder a todas, sino como ejercicio para ver que es de lo que estoy tratando, cuales sus dimensiones, y algunas propuestas de solución.


¿Qué ha llevado a los terroristas a matar a unos periodistas que realizaron unas viñetas satíricas sobre Mahoma? ¿A que denominamos terrorismo en nuestra sociedad en contraposición a la paz? ¿Quién define lo que es terrorismo y quien lo que es paz? ¿Acaso no es terrorismo dejar que mueran millones de seres humanos de hambre o enfermedad por el interés económico y estratégico de multinacionales y gobiernos?

¿Que lleva a los terroristas a tomarse la justicia por su cuenta en lugar de acudir a los tribunales? ¿Existe igualdad para defender las propias posiciones? ¿Acaso se sintieron excluidos por no encontrar vías de entendimiento? ¿Por qué sus ideas se definen como fundamentalistas? ¿Por qué las creencias a lo largo de la historia han sido origen de la mayoría de las guerras cuando todas proclaman la paz?

¿Por qué los terroristas se sintieron ofendidos por las viñetas? ¿Por qué se vieron los terroristas despreciados y humillados en sus creencias? ¿Por qué una creencia tiene más valor que la vida de una persona? ¿Por qué  la vida de los fundamentalistas y creyentes está sometida a una fe y no a lo que es mejor para uno y para todos en igualdad?

¿Cómo se integran las culturas de occidente y musulmanas en cada uno de los lados? ¿Existe tolerancia y diversidad, o acaso existe manipulación y represión? ¿Cómo es que el modelo occidental quiere imponerse en los países musulmanes, como sucedió en la invasión de Irak? ¿O acaso son estrategias para sustraer sus fuentes de riqueza, como en el caso del petróleo?

¿Qué se entiende por libertad de expresión en el mundo occidental y el musulmán?  

¿Se puede hablar de islamofobia de occidente según los últimos acontecimientos en Irak, Afganistán, Siria, Egipto o Palestina?

¿Cuál es la respuesta de los gobiernos y los ciudadanos? ¿Tomamos  responsabilidad por lo que está sucediendo, o acaso nos vemos ajenos a ello señalando a los demás? ¿Culpamos a las elites o vemos alguna conspiración que nos exima de buscar nuestra participación?



Para responder a cada una de las respuestas hay numerosos escritos en los medios y en la red donde la mayoría se limitan a interpretar los hechos desde el punto de vista de la lucha por la libertad de expresión, y del peligro para occidente del fundamentalismo islámico. Pero de la libertad de los que pueden tener voz, que son los grandes medios de comunicación, y de la libertad de expresión a la manera de los gobiernos que como en España han sacado una Ley, denominada Ley Mordaza, donde se limita enormemente el derecho a manifestación, concentración y denuncia de los ciudadanos a las actuaciones del gobierno.

Pero para recoger una interpretación diré que no puede ser entendido el acto terrorista sin ponerlo en el contexto de la lucha que existe entre occidente contra los países musulmanes, quienes en las últimas décadas han sido víctimas de numerosos abusos a sus gobiernos y ciudadanos. Esto no pretende justificar la matanza en absoluto, al contrario mi total desaprobación. Aquí una perspectiva:

Nuestra hipótesis es que lo sucedido es un lúgubre síntoma de lo que ha sido la política de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Es el resultado paradojal –pero previsible, para quienes están atentos al movimiento dialéctico de la historia- del apoyo que la Casa Blanca le brindó al radicalismo islámico desde el momento en que, producida la invasión soviética a Afganistán en Diciembre de 1979, la CIA determinó que la mejor manera de repelerla era combinar la guerra de guerrillas librada por los mujaidines con la estigmatización de la Unión Soviética por su ateísmo, convirtiéndola así en una sacrílega excrecencia que debía ser eliminada de la faz de la tierra. En términos concretos esto se tradujo en un apoyo militar, político y económico a los supuestos “combatientes por la libertad” y en la exaltación del fundamentalismo islamista del talibán que, entre otras cosas, veía la incorporación de las niñas a las escuelas afganas dispuesta por el gobierno prosoviético de Kabul como una intolerable apostasía. Al Qaeda y Osama bin Laden son hijos de esta política. En esos aciagos años de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, la CIA era dirigida por William Casey, un católico ultramontano, caballero de la Orden de Malta cuyo celo religioso y su visceral anticomunismo le hicieron creer que, aparte de las armas, el fomento de la religiosidad popular en Afganistán sería lo que acabaría con el sacrílego “imperio del mal” que desde Moscú extendía sus tentáculos sobre el Asia Central. Y la política seguida por Washington fue esa: potenciar el fervor islamista, sin medir sus predecibles consecuencias a mediano plazo. 
Horrorizado por la monstruosidad del genio que se le escapó de la botella y produjo los confusos atentados del 11 de Septiembre (confusos porque las dudas acerca de la autoría del hecho son muchas más que las certidumbres) Washington proclamó una nueva doctrina de seguridad nacional: la “guerra infinita” o la “guerra contra el terrorismo”, que convirtió a las tres cuartas partes de la humanidad en una tenebrosa conspiración de terroristas (o cómplices de ellos) enloquecidos por su afán de destruir a Estados Unidos y el “modo americano de vida” y estimuló el surgimiento de una corriente mundial de la “islamofobia”


Con todas estas preguntas quiero señalar que el mundo que hemos creado representa quienes somos, y por lo tanto participes de lo que sucede. Lo que podemos hacer es investigar sobre los mecanismos que aparecen en cada uno, como el odio, la intolerancia, la agresividad, la manipulación, etc.  que nos llevan a ser actores de nuestro propio drama y de los dramas que ocurren en nuestro mundo.

Si nos fijamos hay una serie de palabras asociadas a la noticia que nos pueden dar la clave sobre lo que existe en nuestra conciencia cuando nos referimos a Charlie Hebdo. Y las palabras más utilizadas que he encontrado son: venganza, terrorismo, masacre, yihadista, fundamentalismo, islamofobia, sátira, libertad de expresión. Por lo que estamos creando nuevas relaciones en nuestra conciencia que nos llevan a experimentar miedo, y este miedo es la base para controlar nuestras conciencias, como así podemos ver en el documental La doctrina del shock . Y esto parece claro que lo van a usar los gobiernos, como así hicieron en los atentados del 11 S, en el que aumentaron los controles y las medidas de seguridad, afrontando solo las consecuencias, no las causas. Por lo que cada uno puede educarse así mismo para no ser víctima de su propia conciencia, de su propio miedo y de su propia restricción de libertad de expresión.




Soluciones

La propuesta es mirar dentro de uno mismo y ver que surgió al aparecer la noticia, que emociones asomaron, que pensamientos sobre los actores aparecieron, qué ideas sobre los hechos, si se culpó a otros, si definimos quienes eran los buenos y quienes los malos. Y en ello darnos cuenta que todo ello es parte de nuestra mente y que las palabras y emociones que surgen de allí son nuestras, y que esas palabras crean una experiencia dentro de nosotros que definirán nuestro mundo, y por tanto el mundo que nos rodea. Y con ese mundo en nuestra cabeza es como nos relacionaremos con los demás y será lo que nos encontraremos como reflejo de quienes somos.

Entiendo que esta es la manera de ver quiénes somos y qué consecuencias producimos en nuestro mundo, de manera que al ver cómo lo hicimos podamos cambiar nuestra propia mente y nuestro propio destino. Pero para ello hace falta honestidad, honestidad como uno mismo, honestidad que surge cuando uno no tiene necesidad de proteger el ego de su mente, ni proteger su autoimagen, ni sus interés personales. Sino de la honestidad de uno mismo que surge de la compresión de que la vida es una, y las consecuencias de lo que vivimos es para todos.

Gracias,





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