martes, 26 de mayo de 2015

Día 522 Inseguridad e Incertidumbre como experiencia energética

  
En el post anterior Día 521, estuve viendo mi mente cuando apareció una insuficiencia cardíaca. Las palabras más relevantes que surgieron fueron: inseguridad e incertidumbre. A continuación exploraré lo que significa cada una de ellas en ese contexto aplicando el “perdón como uno mismo”, es decir el reconocimiento y la responsabilidad de lo que uno permite y acepta experimentar dentro de sí mismo como si fueran hechos reales, y la aplicación correctiva, es decir como uno desde el empoderamiento toma dirección de sí mismo ajustándose e integrándose en los acontecimientos.


Inseguridad

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado “sentir inseguridad” al ver que mi cuerpo no respondía de la misma manera que antes, vinculando la inseguridad al estado de mi órgano del corazón, sin darme cuenta que la inseguridad es el resultado de una interpretación subjetiva de mi cuerpo, por lo tanto no es algo real sino la definición para explicarme los síntomas, pero que no proporciona ninguna solución, ni ningún dato concreto para mejorar. En cambio es una energía vinculada al miedo ya que si uno se encuentra inseguro es que uno pretende tener el control de la situación, como si uno tuviera que tener control sobre el cuerpo, como una relación de autoridad/superioridad sobre él. Entiendo que uno es el cuerpo, por lo que sí existe una relación de autoridad/superioridad está separado de él, como si fuera un instrumento para conseguir objetivos, cuando el cuerpo es un objetivo en sí mismo, si así se puede decir. El objetivo y centro de la existencia, junto con el ser y la mente, ya que sin él la vida no es posible, tal cual entendemos.


En y cuando me vea a mí mismo “sentir inseguridad” en y como mi cuerpo físico, me detengo y respiro. Me doy cuenta que “sentir inseguridad” añade a los acontecimientos un plus energético innecesario, y además pone un velo sobre lo que sucede. Ya que a diferencia de los síntomas, por ejemplo los mareos, la presión en cabeza y estómago, si son datos clínicos que pueden orientar un diagnostico o una situación. En cambio cuando alguien dice que se “siente inseguro” haciendo referencia al estado de su cuerpo, lo que en realidad está diciendo es que no controla la situación y tiene miedo a que la situación tenga consecuencias que uno quiere evitar por miedo. Por lo tanto es una experiencia de la mente, no un estado del cuerpo, pero que sin embargo está condicionará y aumentará los síntomas innecesariamente por influencia del estrés. Así, en lugar de ello respiraré para estabilizarme y detectaré cualquier alteración que se pueda producir en mi cuerpo, de manera que si hay alguno que desconozca y que además altere mis funciones vitales o cambio del movimiento por dolor o cansancio excesivo, lo consultaré con un profesional. Así conociendo el punto de partida de mi cuerpo, de cuales han sido los procesos vitales que he vivido y las alteraciones que hayan aparecido en mi pasado podré tener perspectiva sobre mi proceso actual. Por lo tanto no habrá necesidad de “sentir inseguridad”, sino de dar los pasos para llegar a las causas de la alteración orgánica e intentar solucionarlos. No obstante entiendo que la ignorancia sobre cómo funciona el cuerpo y qué significan los síntomas, en ocasiones lo vemos como un misterio y el misterio lleva a la especulación, a la imaginación y a la separación de la realidad. Así cuando no encontramos explicación, por ignorancia, lo ponemos en un ámbito casi religioso, por lo cual queremos darle significado sobrenatural, como así sucedió en el pasado. Cuando en realidad misterio equivale a ignorancia. En definitiva la inseguridad es una experiencia de la mente que nada tiene que ver con los hechos sino con los propios miedos a que ocurra algo imprevisible que uno no puede controlar en el momento. Y para ello el respiro puede acompañar al organismo en su propio proceso.


Incertidumbre

Me perdono a mí mismo el haberme aceptado y permitido “sentir incertidumbre” al no saber lo que me estaba sucediendo, sin darme cuenta que estaba poniendo más énfasis en el conocimiento sobre el diagnostico/etiqueta que en los propios síntomas. Por lo que el valor lo ponía en el conocimiento, como si eso me diera seguridad, y no en acompañarme a mí mismo dentro del  proceso orgánico. Es decir, en lugar de respirar y estabilizarme desde esa situación, aumentaba el estrés físico, amplificando los síntomas y añadiendo más de lo que en realidad había. Por lo que traslade el conflicto en mi cuerpo, a un conflicto en mi mente, siendo la mente quien quería obtener la notoriedad, y hacer de la situación un drama para sí misma dentro del personaje “pobre de mí”, debilidad, inferioridad, etc. Cuando era solo una estrategia para convertirse en el actor principal, sin dejar paso al proceso puramente orgánico.



En y cuando me vea a mí mismo “sentir incertidumbre” al no conocer lo que le estaba sucediendo a mi cuerpo por conocer el diagnostico, me detengo y respiro. Me doy cuenta de lo alejados que estamos de la percepción del propio organismo cuando se manifiesta de manera diferente a lo habitual, ya que no hemos sido educados en lo orgánico sino en las experiencias mentales derivadas de nuestra imaginación y conocimiento. Sin darnos cuenta que lo orgánico, lo físico, es lo real y estable, y en cambio el conocimiento, lo mental es teórico y variable. Así, en lugar de sentir incertidumbre, buscaré la certidumbre de lo concreto y objetivo, de lo que puedo percibir en mi cuerpo, sin crear una alarma solo en mi mente, sino viendo que es posible estabilizarme por el respiro, y si no llego a realizarlo buscar soluciones adecuadas que detengan los síntomas.

Gracias.








viernes, 22 de mayo de 2015

Día 521 Lo importante si es lo que nos sucede


Hace unos días tuve que pasar por boxes, dicho en términos de Formula 1, para hacer una serie de ajustes en mi cuerpo. De hecho acudí al Centro de Urgencias de Atención Primaria (CUAP) el día 03/5/15, avisé en una ocasión a los Servicios de Emergencias Médicas (SEM) y en dos ocasiones me trasladaron a los servicios de urgencias Hospitalarias para solucionar los síntomas que aparecían, hasta que finalmente se encontró la causa. Era una insuficiencia cardíaca grave que me estaba causando un excesivo cansancio ante una actividad física leve, entre otros síntomas. Aunque personalmente desde un principio sabía que el origen estaba en el corazón por mis antecedentes, hace casi 20 años me diagnosticaron una miocardiopatía dilatada,  descartaron cualquier cardiopatía isquémica o coronaria, ya que aparecieron síntomas que lo podía parecer: dolor en cuello y mandíbula, mareos, sudoración y dolor en boca de estómago, además de la astenia. Pero ante las pruebas diagnósticas, radiografía de tórax, analíticas, control de los signos vitales y ECG, se descartó que el problema viniera por esa dirección. 

Al ver que no había datos de alarma por las pruebas me derivaban a mi domicilio, pero yo solicitaba al personal médico un Ecocardiograma pues era la prueba que determina, el estado de la forma, tamaño, función y fuerza del corazón, así como el estado de sus paredes y válvulas, y ver si se había producido una alteración significativa. Sin embargo me indicaban que como tenía prevista realizar esa misma prueba en 20 días no veían señales de alarma para adelantarla. Hasta que en la segunda ocasión que tuve que visitarme en el servicio de Urgencias del Hospital un cardiólogo decidió realizarme esa prueba con un Ecocardiograma portátil. Cabe decir que antes de esa nueva visita a Urgencias había contactado con un Centro de Diagnóstico privado para que me realizaran la prueba esa misma tarde, pero no llegue a tiempo al tener que avisar al servicio de Emergencias por los síntomas que aparecieron de nuevo. En realidad fue verme en y como mi cuerpo colapsado sin saber en qué situación se encontraría en el siguiente momento, y antes de que el servicio médico se encontrara con un cadáver decidí avisarlos, así lo viví.

La cuestión es que ese mismo día, 5 de mayo, el cardiólogo de urgencias ante los datos del Ecocardiograma dudó entre dejarme ingresado o derivarme al día siguiente a una cita urgente al servicio de Insuficiencia Cardiaca del Hospital para valorar situación y tratamiento. Finalmente optó por la cita al día siguiente. La cardióloga me ajustó la medicación y me indicó que habría que esperar como respondía y después valorar otras opciones. En caso de que no respondiera adecuadamente se valoraría otras opciones como por ejemplo implantarme un resintonizador cardiaco para ayudar al musculo a hacer su función.

En todo este proceso mi fuerza vital disminuyó considerablemente y adelgace 2 Kg, hasta el punto de no mantenerme por más de 20 minutos frente al ordenador, al aparecer grandes tensiones musculares, especialmente en cuello, falta de concentración y un ligero mareo. Además durante la primera semana vi restringidas mis salidas a la calle y evitar esfuerzos. Después, en la segunda semana fui recuperando la actividad física realizando pequeños paseos pero con la misma sensación de encontrarme levemente mareado, en parte normal por la medicación que estaba tomando que provocaba una tensión arterial baja. Ahora la sensación de cansancio continúa pero después del tratamiento médico, alguna ayuda con vitaminas como la C, E, CoQ10, acupuntura y masajes voy recuperando poco a poco la actividad.

Estos son los acontecimientos por lo que he pasado, de mucha incertidumbre al principio y algo de tensión hasta no encontrar la causa. Y ahora quiero caminar/escribir/compartir lo que ha ocupado mi mente durante este tiempo, qué pensamientos acudían, qué emociones y sentimientos surgían, sin otro afán de seguir mi “Camino hacia la vida”, donde voy desprogramándome de aquellas condiciones mentales que hicieron de mi un personaje para mí mismo, y no quien en realidad soy como uno mismo.  

Entiendo que lo que le sucede a cada uno, no es una cosa única por la que uno tenga que hacer un drama, en el sentido que no le haya sucedido a otro individuo, sino que se trata de entender como uno construye en base a los acontecimientos una realidad en su mente que busca proteger el ego de la mente y reforzar su interés personal, aun en las situaciones más adversas. De manera que uno construye su propio guion representando en el escenario de este mundo un papel/personaje, o bien como víctima o bien como vencedor. Y eso es responsabilidad de cada uno por lo que acepta y permite generar en su propia mente.

Por otra parte entiendo que lo relevante SÍ son los acontecimientos y en cambio los pensamientos, emociones y sentimientos son solo respuestas a los condicionamientos culturales, educación y experiencias previas que uno haya vivido que generan una realidad separada de uno mismo. Quiero decir, a diferencia del eslogan que dice “lo  importante no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede”. Mi posición es que “lo relevante SI es lo que nos sucede, pues indica las condiciones de vida que nos hemos creado individualmente y colectivamente”, y por tanto para cambiarlo primero uno tiene que tomar responsabilidad, y todos colectivamente en lo que corresponda. No se trata de justificar, culpar a alguien, o sublimar los hechos, sino de afrontar con sentido común aquello por lo que uno está pasando, y no añadir a los hechos ni más ni menos de lo que hay.  Si alguien no lo ve así que pregunte a las millones de personas que pasan hambre o individuos que sufren todo tipo de abusos, y que le digan que eso no es lo importante, que no es importante lo que les sucede, sino cómo lo experimentan en su mente. Me parece de una gran hipocresía o de una gran miopía. Esos pensamientos solo pueden aparecer en las mentes programadas por las modas del autocrecimiento, la cultura, o la educación, si así lo quieres ver. Por eso quiero ver a través de la escritura, verme a mí mismo en mis palabras, descubrir que es lo que he añadido a esta situación que no corresponde a la realidad sino a los patrones mentales y constructos que hacen de mí una caricatura.

En primer lugar los pensamientos que aparecieron ante los primeros síntomas tenían que ver con la sensación de inseguridad, “¿qué es lo que me está sucediendo que no tengo control de mi cuerpo?”. Me pregunto ¿acaso hay algo que controlar?, la vida no se controla se vive hasta donde llega, sentido común. Y ante esa sensación seguir en mi chat mental “¿estará ocurriendo algo grave en mi corazón?”, “¿habrá empeorado?”, “¿tendrán que realizarme un trasplante?”. Gravedad, empeoramiento, trasplante, es evidente que esas palabras ponían una carga energética en mi que en ese momento construían una imagen de peligro ante mi integridad física, pero que en lugar de vivirlo como un acontecimiento físico, lo situé en una experiencia emocional donde me colocaba en una posición de debilidad y de  sentirme vulnerable, en lugar de asumir la situación física como un proceso vital de degeneración, como parte de la propia naturaleza humana que puedo dirigir como uno mismo. 

Y aunque no apareció en ese primer momento el miedo a la muerte, si apareció el “miedo a tener una vida más limitada” a no hacer una vida “normal”, como antes. Otra vez la expresión energética de debilidad, "pobre de mí", etc. En lugar de entender que si hay una limitación física uno puede encontrar recursos humanos y técnicos para solventar la situación, sencillo.  Así, la incertidumbre aumentaba ante la falta de definición de los médicos por no saber la causa de los síntomas, mientras, me quejaba del servicio sanitario por no poner los medios al alcance de los ciudadanos para realizar pruebas diagnósticas adecuadas. Es como decir "merezco ser tratado de la mejor manera por los impuestos que pago", en lugar de ver que el sistema sanitario es imagen y semejanza del sistema de la mente, que está basado en el beneficio de unos cuantos y en el deterioro de muchos, o lo que es lo mismo en el interés personal por encima del sentido común, lo que es mejor para uno y para todos en igualdad.  

A partir de ese momento la inseguridad se transformó en impotencia al ver que los médicos no se decidían a practicar el Ecocardiograma. Aquí es curioso observar como las personas nos movemos por etiquetas, es decir cuando alguien nos dice que tenemos un diagnóstico es cuando respiramos, ¡al final tengo algo!, lol. Y así me sucedió cuando me realizaron la prueba y confirmaron que había una insuficiencia cardíaca, no me dijeron los valores aunque hoy mismo me hicieron otro Ecocardiograma para determinar finalmente la situación, entonces respire. Ahora se trataba de ver los tratamientos y el grado de recuperación.

No obstante me vi haciendo algún ajuste bancario por si las cosas no iban bien y avise a mi esposa de algunos detalles. Era evidente que había un riesgo en mi salud y por lo tanto apareció la posibilidad de la muerte. No tanto como un miedo sino como una posibilidad que se podía producir y que tenía que afrontar. Así el proceso fue de inseguridad ante los síntomas ¿por qué me ocurre esto?, impotencia ante la falta de diagnóstico “¿cuál es el alcance de la lesión?, y por ultimo pensamientos sobre la muerte. Aunque aquí lo pongo de manera consecutiva lo cierto es que todo apareció en el mismo momento, todas las sensaciones se retroalimentaban. No obstante pude ver que me podía hacer cargo de la situación, que podía asumir las consecuencias de mi estado físico y acompañarme a mí mismo en el proceso, de manera que podía mantenerme sereno y no ir más allá del momento que estaba viviendo parando mi mente y respirando. Y así es como fui entrando en ese acompañamiento que ahora estoy llevando a cabo, paso a paso, momento a momento, aquí. 

Continuaré